Habitante de las zonas rocosas, la podemos encontrar desde la misma orilla del acantilado hasta profundidades de 100 metros o más.
Tiene la fama de que sólo sirve para hacer caldo por la cantidad de espinas que tiene en su tronco. Una vez descubrí que la zona abdominal no tiene espinas. Simplemente debemos abrir el abdomen desde el ano hasta la boca, limpiar la zona y luego podemos cortar ambos lados del abdomen con la punta de un cuchillo, buscando llegar al músculo del tronco. Veréis que salen dos piezas de carne sin ninguna espina. Las cortaremos en varios trozos y, simplemente, frita, está exquisita. La piel le da un sabor especialmente sabroso. Del resto, podemos hacer caldo, pues su carne es muy blanca.

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